Eclosiona

La historia que nos creemos

Composición abstracta sobre creencias, cambio de narrativa y transformación.

A veces no nos detiene la realidad. Nos detiene la historia que hicimos sobre ella.

Una creencia limitante suele empezar así: algo pasa, duele, incomoda o nos rebasa, y para poder entenderlo armamos una explicación rápida. “No soy buena para esto”. “No puedo”. “A mí no se me dan esas cosas”. “Ya es tarde”. “Otros sí, yo no”.

El problema es que algunas explicaciones, si las repetimos suficiente, empiezan a sonar como identidad.

Y no lo son.

Son interpretaciones. Algunas nacieron para protegernos del rechazo, la vergüenza, el fracaso o el dolor. En su momento quizá sirvieron como escudo. Pero un escudo cargado demasiado tiempo también cansa. A veces se vuelve pared.

Por eso vale la pena detenernos cuando nos sentimos estancados, incapaces o emocionalmente disparados por algo que, en apariencia, no era tan grande. Ahí suele haber una historia vieja haciendo ruido.

La pregunta no es solo: “¿qué estoy pensando?”. La pregunta más útil es: “¿esto me da poder o me encarcela?”.

Reformular una creencia no significa mentirnos con frases bonitas. Significa mirar los hechos con más justicia. Tal vez no tengo toda la experiencia, pero puedo aprender. Tal vez tengo miedo, pero también tengo deseo. Tal vez no estoy lista del todo, pero nadie empieza si espera sentirse impecable.

Después viene la parte más importante: actuar. Dar un paso pequeño que contradiga la historia vieja.

A mí esta herramienta me salva a cada rato. Cuando aparece el “tal vez no soy”, “tal vez no puedo”, “hay gente mucho mejor”, intento cambiarle unas comas a la narrativa.

Porque al final vivimos bastante dentro de la historia que creemos.

Y conviene escribir una donde no seamos el obstáculo principal.

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